• Isabel Martín

La carcoma del resentimiento

Actualizado: 1 de abr de 2020


Con la intención de tratar el tema del resentimiento he seleccionado un artículo de Jenny Moix, que me sirve de trasfondo, pues en cualquier espacio social donde predomine el resentimiento, la productividad y la convivencia se verán mermadas.

Cuando hay resentimiento mantenemos una conversación interna/privada en la cual nosotros somos víctimas de una acción que interpretamos como injusta.


Yo misma, he vivido el resentimiento, alguna que otra vez. La amargura, rabia, odio y el sufrimiento me acompañaron días, semanas, meses,… El trato recibido por mi jefe lo vivía como injusto, y lo mismo les pasaba a mis compañeros. Revivía y recapitulaba lo acontecido una y otra vez, y lo peor era que no podía reclamar. El daño ya estaba hecho y reclamar podía suponer consecuencias peores.

Al principio me limitaba a verme como víctima, pretendía curar mis heridas buscando adeptos a mi causa, que los había. Pero no dejaba de mantenerme en el resentimiento. Yo seguía esclava del sufrimiento de recapitular lo ya pasado, y esto me quitaba el disfrute del presente y me negaba el paso de mirar hacia delante, hacia el futuro.

Coincido con Moix en que la venganza solo prolonga el rencor: conviene pasar página y pensar en el futuro.

Puede ser que nos saboteemos con la creencia de que quien nos provocó ese daño “siempre” va reaccionar de ese modo y se va a comportar injustamente. En consecuencia, me negaré a la posibilidad de convivir o tener algún tipo de relación con esa persona. Así me mantendré en el resentimiento.

Lo que a mi me sirvió fue el aceptar a mi jefe con sus imperfecciones, pues tengo que admitir que ni yo misma, en ocasiones, puedo medir todas las consecuencias de mis actos. Yo también tengo luces y sombras, virtudes y miserias. Fue pues aceptándole con sus cegueras, cobardía, incompetencias e imperfecciones como abandoné el resentimiento y pasé al perdón.

Hay ocasiones en que el daño es de una magnitud muy importante, o nuestra percepción del otro es de absoluta desconfianza. En estos casos, optamos por dar por terminada la relación con esta persona. Esta persona deja de ser relevante para el futuro que deseo construirme, me queda el perdón, pero sin ánimo de mantener algún tipo de relación.


Quiero detenerme en un punto del artículo de referencia, en el que la autora, indica que hay que perdonar no con fines altruistas, sino por puro egoísmo.

Coincido totalmente con este argumento. Mientras el resentido se corroe con su “re-sentimiento” quien lo ha provocado puede perfectamente haberse desentendido de lo que hizo. El resentido es el esclavo de sus conversaciones internas a costa de perturbar su propia felicidad.

Al perdonar estamos haciéndonos responsables de nuestro bienestar, estamos cerrando un proceso abierto. Nos liberamos de una carga innecesaria.

El principal beneficiado del perdón no es el perdonado, sino quien perdona.

Otra cuestión que, a mi modo de ver no deja muy claro el artículo, es si perdonar implica olvidar . Tal y como yo lo he aprendido, con el perdón cerramos una conversación interna del pasado que nos rumia constantemente y nos comprometemos a no utilizarla en el futuro contra una determinada persona, pero ello no implica que perdonar me comprometa a olvidar.

Y para terminar, apelo a la paz que consigo cuando acepto convivir en armonía con las posibilidades que tuve pero que me fueron cerradas, así como con lo que he perdido o no está en mis manos cambiar.

Es la aceptación y el perdón los que me abren la senda al futuro.


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